En estos días de semana larga – como solía decir mi abuelo – gravito entre dos libros (1,2) aunque otros tantos me apuran desde el buró.

El primero es un recuento del ascenso y derrama del poder corporativo que, entre otras guerras subrepticias, abrió las venas de América Latina. Relata la historia de los hermanos Dulles, nombre que hasta hace poco evocaba sólo el aeropuerto de la capital norteamericana.

John Foster y Allen Welsh aprendieron a codearse con la ambición y el regateo político de la entreguerra. Por un lado, la oportunidad que emergió con el desmoronamiento de los imperios europeos y la acumulación de capitales, y por otro, la visión para abrir mercados y seducir millonarios (o sus esposas) para amasar sus fortunas.

El legado de la intervención de Estados Unidos en la soberanía de innumerables países fue el epítome del periodo de la guerra fría, orquestado por los hermanos Dulles y sus largos tentáculos financieros.

La designación del primero como Secretario de Estado y del segundo como director de la CIA durante el mandato de Dwight Eisenhower fue un suceso sin precedentes en la historia política de nuestros vecinos.

El mayor, John Foster, solidificó el intervencionismo desde su firma de abogados Sullivan & Cromwell, cancerbero jurídico que negociaba para empresas transnacionales como la Holland America Line, Cotton Oil Company, Merck, United Fruit Company, Standard Oil, J.M. Steel o Krupp siempre para obtener ventajas mercantiles y sin miramientos para derrocar gobiernos o sindicatos que se opusieran a su sombra avasalladora. Miembro prominente del partido Republicano, el mayor de los Dulles fue determinante en el posicionamiento de la derecha religiosa (hoy representada por el Tea Party) y sus influencias.

El menor, Allen, se enriqueció como abogado corporativo en la misma firma, abriendo negocios turbios en el difícil periodo de los préstamos para resarcirse de la Gran Guerra. Pero su formación decisiva ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, donde formó parte del puñado de agentes que dirigían la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), embrión de la CIA. Fue responsable de la invasión a Playa Girón (Bahía de Cochinos para los exiliados cubanos y sus patrocinadores) y protector a ultranza de los secretos de espionaje interno que merodearon el magnicidio de Kennedy.

Una de las misiones que urdieron a su llegada al poder en 1953 fue la de derrocar al gobierno democrático de Irán (no dejen de ver las consonancias con la situación geopolítica actual).

Foster se refería al primer ministro persa como el “loco de Mossadegh”, convencido de que suprimirlo era un trabajo divino en la Tierra. El Dr. Mohammad Mossadegh era un incorruptible burócrata que trabajaba de manera gratuita para su gobierno, dispuesto ante todo a nacionalizar el petróleo iraní, y a quien los hermanos Dulles veían como un obstáculo para sus intereses expansionistas. Debemos recordar que los brazos de cualquier imperio siempre han estado engalanados con las joyas de sus ambiciones mercantiles.

Así, inventaron la amenaza comunista y diseñaron una estrategia de penetración cuyo nombre en clave fue “Operación Ajax”, aprobada a la par por el servicio de inteligencia británico. Presintiendo lo peor, el primer ministro iraní envió una carta de apoyo al presidente norteamericano en Mayo de 1953, solicitando que se liberaran veinticinco millones de dólares prometidos por un banco de exportación para el desarrollo agrícola de su país. Eisenhower no respondió sino hasta un mes después, cuando ya había aprobado el plan encubierto para derrocar a Mossadegh. Con lujo de desprecio, el responsable de operaciones de la CIA en Medio Oriente, Kermit Roosevelt, entró clandestinamente en Irán, auxiliado por la vasta red de espías británicos y los infames hermanos Rashidian, para eliminar al primer ministro unas semanas más tarde.

Al año siguiente, la compañía British Petroleum regresó cómodamente a Irán para hacerse del 40% de la producción petrolera. El agente Roosevelt permaneció cercano al Shah mientras los hermanos Rashidian hicieron un buen número de negocios lucrativos, incluyendo la venta exorbitante de aviones F-14 al gobierno monárquico.

Otra aventura atribuible a los Dulles fue la intervención en Guatemala para derrocar al presidente Jacobo Arbenz en 1954. Como Mossadegh, Arbenz veía en la nacionalización de las industrias extranjeras un elemento crucial para recuperar la soberanía y elevar el nivel de vida de sus conciudadanos. En tal sentido, la United Fruit Company era el mayor obstáculo para sus reformas. La compañía en cuestión controlaba latifundios inmensos en Guatemala, que había decidido no cultivar, para mantener en escasez y a precios manipulables la producción frutícola. El presidente guatemalteco expropió un cuarto de millón de hectáreas de tierras no cultivadas para distribuirlas en parcelas a los campesinos y trabajadores; tierras que el propio John Foster Dulles había adquirido en 1936 a costos irrisorios de manos del dictador Jorge Ubico. El arreglo era tan leonino que eximía a la United Fruit Co. de pagar impuestos por 99 años.

De nuevo, el gobierno norteamericano exhibió este desplante como una amenaza comunista en su traspatio y tras descartar el asesinato de Arbenz (para evitar convertirlo en un mártir), los Dulles formularon la “Operación Triunfo” que llevó a un ejército mercenario para deponer al presidente e implantar una junta militar.

Tras el golpe de 1953, Irán sufrió 26 años de un régimen autoritario apoyado por Estados Unidos hasta que la revolución shiíta lo reemplazó por una dictadura teocrática. En Guatemala, el resultado fue la masacre de miles de campesinos y trabajadores a expensas de imponer una autocracia de corte fascista y un retroceso milenario en su desarrollo industrial y agrícola.

El relato, acentuando los aspectos más siniestros de tan perversa – y para otros, supongo, exitosa- fraternidad, abunda en una serie de fechorías y acciones encubiertas. Pero se lee como novela, para darle crédito al autor, y me parece una lectura indispensable para quien quiera conocer la historia contemporánea del Tercer Mundo y sus entrañables vínculos con el poder económico que moldea al orbe en la actualidad.

Naturalmente, ustedes se preguntarán: “¿Y después de esta narración tan escalofriante, de qué se trata el otro libro?”

Fruto de otra amable recomendación, es un recuento luminoso del oscuro verano de 1816. En esos días de Junio, los poetas Percy Bysshe Shelly y George Gordon Byron (este último acompañado de su confidente y amante, el Dr. John William Polidori) se reunieron en Villa Donati (Ginebra) con Mary Wollstonecraft y su hermana Claire para concebir la más célebre pesadilla romántica. En esos días, donde las nubes de ceniza del volcán Tandora opacaban los cielos de Europa, nuestros personajes concibieron ni más ni menos que al monstruo de Frankenstein y al Vampiro que verían la luz en sendas novelas unos años después, para tormento y asombro de muchas generaciones.

El recuento del poeta colombiano se lee entreverado con su propia búsqueda por desentrañar la identidad de sus caracteres y despertar el morbo detrás de la creación fantasiosa. Nos lleva entre sombras a los aposentos y las seducciones que convergen en Villa Donati, donde nos deja asomarnos apenas tras las cortinas para espiar al engendro y a sus deleitados creadores. La arrogancia de Byron, la candidez de Mary y la dócil notoriedad de Shelley preceden a la mitología, en el mejor espíritu del romanticismo.

Ospina es un cronista encantador, que no deja huecos en sus referencias a la literatura universal (incluidos por supuesto Borges y García Márquez) para llevarnos de la mano hasta esas noches de desvelo y pasión literaria.

Si tienen un momento de serenidad o de empeño en esta semana,  antes de sumergirse en las fastidiadas aguas de la rutina, paladeen este entremés – o cualquier otro – para aderezar la vida y sus fabulaciones.

 

Referencias.

 

  1. Stephen Kinzer. The brothers: John Foster Dulles, Allen Dulles and their secret world war. Times Books, New York 2013.
  2. William Ospina Buitrago. El año del verano que nunca llegó. Literatura Random House, Madrid 2015.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s