Ven, no corras, ciclón, trueno de brujas:

Soplo que fuerza, viento que llaga;

Imperativo, ingobernable, elusivo y tiránico,

Brisa salvaje, encarnizada.

Fuerza del norte, Borasco del mar de medianía, 

Torbellino, tramontana,

Céfiro que busca el sol,

Cordonazo inesperado,

Aire suculento y anhelado.

Haúr que aúllas sobre las estepas,

Gregal de los Balcanes lacerados,

Kamasaka que rasgas como un cuchillo, 

Leste rojo de las Canarias

– vaporosa alfombra con sus silbidos -.

Huracán que azotas las palmeras y caminos, 

Lombarda de los Alpes que reclamas el estío;

Medina de la orilla del mundo, 

Santa Ana de su precipicio.

Levante que traes los guijarros, 

Siroco del Magreb que desquicias a los vivos;

Y tú, vendaval enrarecido, tráeme ese golpe de sangre

En esta hora que ahoga y no acierto a batir las alas…

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